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¿Por qué las hemorragias cerebrales aumentan en invierno? Prevención y causas científicas

feb 08, 2026
¿Por qué las hemorragias cerebrales aumentan en invierno? Prevención y causas científicas

Título: ¿Por qué las hemorragias cerebrales aumentan en invierno? Prevención y causas científicas. Perfil: El invierno aumenta el riesgo de hemorragias cerebrales. Se analizan causas y medidas de prevención para una vida saludable. Palabra clave: ['Salud', 'Prevención'].

Cada invierno, el número de pacientes con hemorragias cerebrales en los hospitales aumenta notablemente, ¡y no es una coincidencia! Al entender estas razones, sabrás cómo prevenirlo de manera científica. Te recomiendo compartir esto con las personas importantes a tu alrededor para que también lo vean:

La causa principal de las hemorragias cerebrales es la ruptura de los vasos sanguíneos cerebrales, y el entorno del invierno, junto con los cambios fisiológicos del cuerpo humano, aumentan el riesgo de ruptura de estos vasos desde múltiples dimensiones.

Razón uno: descenso brusco de la temperatura.

La repentina caída de la temperatura es la principal causa de la estimulación directa de los vasos sanguíneos. Nuestros vasos son como un tubo de goma elástico; cuando la temperatura ambiente desciende drásticamente, el cuerpo activa un mecanismo de autodefensa para mantener la temperatura central, lo que provoca una excitación del sistema nervioso simpático y, como resultado, vasoconstricción en todo el cuerpo.

Para personas mayores o aquellas con hipertensión o enfermedad aterosclerótica, la contracción de los vasos puede aumentar drásticamente la presión que soportan las paredes internas de los mismos, lo que es similar a someter una manguera vieja a una presión repentina, facilitando así la ruptura y, en consecuencia, provocando hemorragias cerebrales. Los datos indican que cuando la temperatura baja de 10°C, la incidencia de hemorragias cerebrales aumenta significativamente, siendo más alta a temperaturas más bajas.

Razón dos: aumento de la viscosidad sanguínea.

El incremento de la viscosidad de la sangre en invierno también es un factor importante. Durante esta estación, las bajas temperaturas reducen la sudoración, afectando la ingesta de agua, lo que puede llevar a una deshidratación de la sangre y a su espesamiento. Una sangre más densa puede ralentizar el flujo sanguíneo, facilitando la formación de coágulos y aumentando la resistencia en los vasos, lo que obliga al corazón a trabajar más, elevando así la presión arterial.

A medida que la presión arterial sigue aumentando, impacta continuamente en los frágiles vasos sanguíneos del cerebro, especialmente las pequeñas arterias internas, que cuentan con paredes delgadas. La elevada presión prolongada puede causar la formación de pequeños aneurismas. Sumado a la mayor viscosidad de la sangre en invierno, esto puede provocar la ruptura de los aneurismas y resultar en una hemorragia cerebral.

Razón tres: la gran diferencia de temperatura entre el interior y el exterior.

En invierno, al pasar de un entorno cálido en interiores a la frialdad exterior, o al entrar repentinamente a una habitación bien calefaccionada desde el frío exterior, esta variación brusca de temperatura puede hacer que los vasos sanguíneos sufran fluctuaciones intensas de "contracción-expansión". La elasticidad de los vasos sanguíneos es similar a la de una goma elástica; la rápida y repetida dilatación y contracción acelera el envejecimiento de los vasos y puede provocar cambios bruscos en la presión arterial.

Las fluctuaciones bruscas en la presión arterial son más peligrosas que la hipertensión persistente, ya que pueden impactar directamente en las áreas débiles de los vasos sanguíneos cerebrales, provocando rupturas. Especialmente por las mañanas, al levantarse, el cuerpo pasa de un estado de sueño con baja presión arterial a un aumento gradual, y además, al salir, se expone al aire frío, convirtiendo este período en un "momento de alto riesgo" para hemorragias cerebrales.

Razón cuatro: cambios en los hábitos de vida.

Durante el invierno, la actividad al aire libre disminuye, muchas personas tienden a estar sentadas por largos períodos y a trasnochar. Con el clima más frío, también es común que se consuman más alimentos altos en grasas y sal. Esta falta de actividad y sedentarismo puede llevar a un aumento de peso y a un incremento de los lípidos en sangre, agravando así la arteriosclerosis. Una dieta elevada en sal puede causar retención de agua y sodio, incrementando la presión arterial. Trasnochar puede llevar al cuerpo a un estado de fatiga, reduciendo la inmunidad y afectando la regulación normal de los vasos sanguíneos. Todos estos factores pueden aumentar significativamente el riesgo de hemorragias cerebrales.

¿Cómo prevenirlo científicamente?

El núcleo de la prevención se centra en "mantener un estado vascular estable y controlar las enfermedades subyacentes".

1. Primero, es importante mantener el calor, especialmente en la cabeza y el cuello. Al salir, se recomienda usar un sombrero y una bufanda para evitar la exposición directa al frío.

2. En segundo lugar, es crucial mantener un hábito regular de hidratación; aunque no se sienta sed, se debe beber agua en pequeñas cantidades varias veces al día para mantener un volumen sanguíneo adecuado.

3. También es fundamental evitar diferencias de temperatura extremas entre el interior y el exterior. Al salir, es recomendable hacer una pausa a la puerta para que el cuerpo se adapte al cambio de temperatura.

Para las personas con hipertensión, diabetes y arteriosclerosis, es esencial seguir las indicaciones del médico y tomar la medicación de manera regular. Además, deben monitorizar la presión arterial y los niveles de azúcar en sangre periódicamente, y no deben suspender ni reducir la medicación por su cuenta.

Finalmente, en invierno también es importante mantener un ejercicio moderado en interiores, como caminatas suaves o practicar tai chi, así como llevar una dieta ligera y asegurarse de dormir lo suficiente. Presta atención al Dr. Zhang y abordemos en profundidad la salud.

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