
Estamos viviendo en una época en la que las promesas que alguna vez fundamentaron la cooperación global están bajo presión, cuando el poder distorsiona, cuando las reglas se flexibilizan y cuando un orden basado en valores se siente cada vez más negociable. Las consecuencias son visibles en los sistemas de salud: atención negada, ciencia desestimada, servicios interrumpidos y derechos reducidos a retórica. La salud se trata como algo opcional. Los cuerpos de las mujeres son cuestionados. Las vidas de los niños están en riesgo. En este contexto, el trabajo para promover la salud y los derechos sexuales y reproductivos sigue siendo esencial y urgentemente necesario.
A lo largo de este tiempo turbulento, debemos recalibrar para seguir avanzando. Nuestro trabajo ha estado guiado por tres compromisos que nos fundamentan.
El primero es nuestro círculo de preocupación: el cambiante entorno político y financiero que influye profundamente en los resultados pero que queda fuera de nuestro control directo. Para navegar esta volatilidad, fortalecimos la inteligencia política, ampliamos las capacidades de monitoreo y elaboramos análisis específicos para apoyar una toma de decisiones oportuna e informada.
El segundo es nuestro círculo de influencia: el ámbito donde la colaboración puede cambiar trayectorias incluso bajo restricciones. Intensificamos el compromiso con las oficinas regionales y de país de la OMS, los copatrocinadores de la ONU, la sociedad civil y los centros colaboradores para alinear estrategias, anticipar riesgos y preservar el acceso a la atención esencial en entornos donde el espacio de políticas se está reduciendo.
El tercero es nuestro círculo de control: el trabajo fundamental que define nuestro mandato de ofrecer evidencia rigurosa, establecer normas y estándares globales y apoyar a los países en la traducción de directrices en implementaciones en el mundo real. Aquí es donde se cruzan la independencia científica, la excelencia técnica y la rendición de cuentas.
Estos compromisos se tradujeron en logros claros en 2025, documentados en detalle en nuestro informe anual. Consolidamos la guía global para la prevención, diagnóstico y tratamiento de la hemorragia posparto, estableciendo un estándar unificado para abordar la principal causa de mortalidad materna. Publicamos orientaciones autorizadas sobre diabetes y enfermedad de células falciformes durante el embarazo, cerrando brechas significativas en la calidad de atención. Lanzamos la primera guía global sobre infertilidad, elevando un tema de equidad que ha sido descuidado durante mucho tiempo y que afecta a millones. Además, fortalecimos la fiabilidad digital al introducir un kit de herramientas de contenido orientado al cliente que capacita a los servicios de salud para contrarrestar la desinformación con información precisa y accesible. Juntos, estos avances trasladan los sistemas de la fragmentación a la claridad y de la evidencia a la acción.
Reconociendo que la evidencia por sí sola no cambia los resultados, también hemos invertido en traducción. Trabajando con socios regionales, apoyamos las actualizaciones de los paquetes de servicios mínimos de salud sexual y reproductiva y de estándares con costos que permiten una presupuestación, adquisición y capacitación más coherentes. Contribuimos a mejorar los marcos de medición, actualizamos las estimaciones de mortalidad materna y compartimos historias de implementación que acercan el aprendizaje práctico a los tomadores de decisiones en primera línea, incluso en entornos humanitarios. Estos esfuerzos ayudan a garantizar que las orientaciones no solo se produzcan, sino que también sean utilizables, escalables y estén ancladas en la responsabilidad.
El panorama más amplio sigue siendo desafiante. La financiación es más limitada, más fragmentada e influenciada cada vez más por condiciones políticas. Si bien el impulso por una mayor financiación nacional es vital, muchas transiciones están ocurriendo en medio de la austeridad y las cargas de deuda. Sin un diseño cuidadoso, tales cambios corren el riesgo de redistribuir la vulnerabilidad en lugar de abordarla, forzando una elección innecesaria entre la inversión en derechos sexuales y reproductivos y otras prioridades de salud, entre el compromiso con la prevención y la respuesta aguda, y entre las poblaciones ya marginadas. Al mismo tiempo, el creciente interés en la participación del sector privado presenta tanto oportunidades como riesgos. Son esenciales guardrails claros: alineación con los objetivos de salud pública basados en derechos, transparencia en la financiación, protecciones contra la exclusión y una firme expectativa de que la participación privada debe fortalecer, en lugar de reemplazar, los sistemas públicos.
Una preocupación central a medida que avanzamos es la creciente brecha entre la evidencia existente y las realidades a las que debe responder, particularmente en contextos frágiles y afectados por conflictos, donde las necesidades son mayores y los datos son más limitados. La tarea que tenemos por delante es, por lo tanto, una de precisión, selectividad y disciplina: centrarse en la evidencia que protege el acceso, defiende los derechos y genera impacto, incluso en condiciones limitadas. Esto incluye salvaguardar la independencia científica, invertir en la capacidad de investigación y liderazgo en países de ingresos bajos y medios, y asegurar que cada directriz y herramienta esté diseñada para su aplicación práctica en los contextos donde los riesgos son mayores.
Estos logros, así como los desafíos que debemos enfrentar, subrayan la importancia de la asociación. Los esfuerzos colectivos de los Estados miembros, organizaciones de la sociedad civil, asociaciones profesionales y nuestros coauspiciadores de la ONU: PNUD, UNFPA, UNICEF, OMS y el Banco Mundial (incluido el Fondo Global de Financiamiento), siguen siendo vitales para mantener el rigor técnico, la independencia y el alcance global.
En un momento en el que el entorno global es incierto, lo que vemos aquí es claridad de propósito. Nuestro compromiso es claro: profundizar asociaciones, ampliar investigaciones con impacto y fortalecer la traducción en políticas y prácticas para que la salud sexual y reproductiva siga siendo central en la salud, los derechos y la equidad en todo el mundo. A pesar de las presiones del año pasado, hemos demostrado que el progreso es posible.
Somos parte de una comunidad que se toma en serio la ciencia, anclada en los derechos y comprometida con el impacto. Estoy convencido porque el compromiso colectivo es fuerte. El camino a seguir es expandir lo que se puede lograr apoyándose firmemente en la ciencia, defendiendo los derechos y actuando con integridad en los lugares que más importa.
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